Lo que revela el mayor estudio sobre sexualidad jamás realizado
En este artículo analizo, desde un enfoque clínico y basado en evidencia, los principales hallazgos del trabajo de
Justin J. Lehmiller (PhD), investigador afiliado al Kinsey Institute, que recopiló una de las bases de datos más grandes disponibles sobre fantasías sexuales en población adulta.
Muchas de las personas que acuden a consulta por dificultades sexuales o de pareja comparten una preocupación común:
“Lo que pienso no es normal”. Lejos de ser un problema, la evidencia científica apunta a lo contrario: las fantasías sexuales son un fenómeno altamente prevalente y extraordinariamente diverso.
Nota importante: una fantasía es un evento cognitivo (imagen mental, guion erótico, pensamiento) y no equivale a intención conductual. En términos clínicos: fantasía ≠ deseo ≠ conducta.
Este matiz es clave y se desarrolla también en divulgación especializada como fantasías sexuales: qué son y por qué ocurren.
Las conclusiones más impactantes
- La práctica totalidad de las personas informa haber tenido fantasías sexuales a lo largo de su vida.
- Las fantasías consideradas “tabú” o “prohibidas” resultan estadísticamente frecuentes.
- La presencia de fantasías no normativas no predice psicopatología.
- El malestar psicológico suele relacionarse más con la interpretación cognitiva, la culpa y la evitación que con el contenido de la fantasía.
- La supresión del pensamiento aumenta su frecuencia y carga emocional.
A partir de aquí, vamos con la pregunta que muchos se hacen en silencio:
¿quieres saber cuáles son las fantasías eróticas más habituales en hombres y mujeres… y por qué?
El estudio de Justin Lehmiller: marco científico y fuente
El trabajo más conocido de Lehmiller se recoge en su libro Tell Me What You Want: The Science of Sexual Desire, basado en una gran encuesta anónima con más de 4.000 participantes.
• Libro: Tell Me What You Want
• Kinsey Institute: https://kinseyinstitute.org
Este tipo de investigaciones refuerzan lo que la sexología clínica viene mostrando desde hace décadas: la sexualidad humana es diversa, cambiante y profundamente influida por normas sociales y creencias, tal y como se explica también en artículos sobre mitos sexuales y su relación con el malestar psicológico
Tipos de fantasías sexuales más frecuentes, y su explicación psicológica.
1) Fantasías de novedad y variedad sexual
Las fantasías de novedad y variedad sexual incluyen escenarios distintos a los habituales, cambios de contexto, situaciones nuevas o la presencia de más de una persona en el guion imaginado. Estas fantasías suelen generar inquietud porque a menudo se interpretan erróneamente como una señal de insatisfacción con la pareja o de deseo de infidelidad.
Desde la psicología del aprendizaje y la neurociencia del deseo, la novedad actúa como un potente modulador de la activación sexual. Los sistemas de recompensa responden especialmente a estímulos nuevos o poco habituales, lo que explica por qué la mente introduce variaciones imaginativas incluso en relaciones satisfactorias y estables.
En este sentido, fantasear con variedad no implica una carencia afectiva ni un deseo real de llevarlo a la práctica. En muchos casos, cumple una función de estimulación cognitiva, exploración simbólica o incremento de la excitación, sin que exista intención conductual. En clínica es importante diferenciar entre el contenido de la fantasía y la satisfacción real con la relación, ya que confundir ambos planos suele generar culpa innecesaria y ansiedad sexual.
2) Fantasías con dinámicas de poder (dominación/sumisión, BDSM)
Las fantasías que incluyen dinámicas de poder, control, entrega o dominación son especialmente frecuentes y, al mismo tiempo, de las más malinterpretadas. Muchas personas experimentan culpa o miedo al asumir que este tipo de fantasías refleja deseos de dañar o ser dañadas, o rasgos de personalidad problemáticos.
Desde una perspectiva clínica, estas fantasías suelen funcionar como guiones simbólicos. El poder, en el contexto de la fantasía, no se refiere necesariamente a violencia real, sino a la exploración de sensaciones como intensidad, pérdida de control, confianza, entrega o liberación de responsabilidades. La mayoría de estos guiones se construyen en un entorno mental completamente separado de la conducta real.
Es fundamental distinguir entre tres niveles diferentes: fantasía, práctica consensuada y patología. La existencia de una fantasía no implica deseo de llevarla a cabo, y mucho menos la presencia de una parafilia. Esta distinción está bien desarrollada en literatura divulgativa y clínica sobre sexualidad, como se expone en el análisis entre BDSM, sexualidad “vainilla” y parafilias, donde se subraya el papel del consentimiento, la seguridad y la ausencia de malestar clínico como criterios diferenciales.
En terapia, el trabajo suele centrarse en desactivar la fusión entre pensamiento e identidad (“si lo imagino, entonces soy esto”), una distorsión cognitiva frecuente que incrementa la culpa y el malestar.
Una distinción clara entre fantasía, práctica consensuada y patología puede encontrarse en BDSM, vainilla y parafilia.
3) Fantasías de transgresión
Las fantasías de transgresión se caracterizan por la presencia de elementos percibidos como “prohibidos”, inapropiados o moralmente cuestionables desde el punto de vista de las normas sociales interiorizadas. Paradójicamente, cuanto más rígidas son estas normas, mayor suele ser la carga erótica asociada a su transgresión imaginaria.
Desde la terapia cognitivo-conductual, estas fantasías pueden entenderse como el resultado de un conflicto entre normas internalizadas muy estrictas y procesos naturales de curiosidad y activación sexual. La prohibición incrementa la saliencia cognitiva del estímulo, haciendo que adquiera mayor relevancia emocional y erótica en el plano mental.
En la mayoría de los casos, la transgresión se mantiene exclusivamente en el ámbito de la fantasía. No expresa una intención de vulnerar límites reales, sino una forma de explorar simbólicamente lo que está fuera de lo permitido. El problema clínico no reside en la fantasía en sí, sino en la interpretación catastrofista de su significado.
4) Fantasías de conexión emocional
No todas las fantasías sexuales están centradas en la excitación física o en elementos explícitos. Un número significativo de personas informa fantasías relacionadas con intimidad, validación emocional, cercanía afectiva o sentirse deseado/a y reconocido/a.
Estas fantasías suelen reflejar necesidades emocionales universales: conexión, seguridad, apego y reconocimiento. En ocasiones aparecen con mayor frecuencia en contextos de estrés, soledad o desconexión emocional, aunque también pueden darse en relaciones satisfactorias.
Desde la práctica clínica, estas fantasías no se consideran problemáticas, sino informativas. Pueden ofrecer pistas sobre necesidades relacionales, estilos de apego o deseos de mayor comunicación emocional. Trabajarlas en terapia puede facilitar un mejor autoconocimiento y una comunicación más clara en la relación de pareja.
5) Fantasías simbólicas o irreales
Muchas fantasías sexuales incluyen elementos irreales, exagerados o directamente imposibles de llevar a la práctica. Funcionan como un “laboratorio mental” en el que la persona explora sensaciones, roles o emociones sin intención de trasladarlas al mundo real.
Estas fantasías cumplen una función psicológica similar a la de otros procesos imaginativos: permiten experimentar sin consecuencias, regular la excitación y ensayar escenarios de forma segura. Desde el punto de vista clínico, no requieren intervención salvo que generen malestar significativo o se interpreten de forma rígida y literal.
Es importante subrayar que la mente no está diseñada para censurar automáticamente el contenido de las imágenes mentales, sino para generar asociaciones. Interpretar estas asociaciones como deseos reales suele ser una fuente innecesaria de ansiedad.
Clave clínica: fantasear no es actuar. Esta diferencia se desarrolla también en ¿es adecuado realizar las fantasías sexuales?.
Si este contenido conecta con algo que te preocupa o te genera malestar, no tienes por qué afrontarlo solo/a.
La terapia psicológica puede ayudarte a abordarlo de forma rigurosa, sin juicios y basada en evidencia:
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Relación entre fantasías, bienestar psicológico y satisfacción sexual
El malestar suele surgir de la evaluación cognitiva de la fantasía.
La Terapia Cognitivo-Conductual explica este proceso como un circuito de mantenimiento pensamiento → emoción → evitación.
Una introducción clara al modelo puede consultarse en qué es la Terapia Cognitivo-Conductual.
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Si este artículo ha despertado inquietud, culpa, confusión o dificultades en tu relación, trabajarlo en un espacio terapéutico puede ayudarte a comprender lo que te ocurre sin juicios, reducir el malestar y tomar decisiones más alineadas con tus valores.
Trabajo desde un enfoque psicológico basado en evidencia, en terapia individual, terapia de pareja y sexología clínica, con atención presencial en Málaga y online.
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Enfoque clínico y experiencia profesional
Este artículo se basa en psicología científica y experiencia clínica real.
Como psicólogo general sanitario, mi trabajo se centra en evaluar el impacto emocional, no en juzgar el contenido del pensamiento.
Trabajo con terapia individual, terapia de pareja y sexología clínica, desde un enfoque cognitivo-conductual y basado en evidencia.
Juan Miguel Enamorado Macías – Psicólogo en Málaga
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